viernes, 22 de marzo de 2013

Carpe diem

Música suave de fondo, la lluvia repiqueteando contra los cristales, una taza de café humeante, una manta que le tapase las piernas y la pantalla del ordenador con un nuevo documento en blanco. Tenía todo lo que necesitaba, lo que siempre dijo que necesitaba para escribir la novela que la sacase, por fin, del anonimato y del restaurante en que era camarera. Lo tenía todo, la atmósfera era la ideal. Estabilidad económica en tiempos de crisis, estabilidad emocional con una mujer mucho mejor de lo que merecía y un moderno loft desde el que podía contemplar la ciudad condal entera. Lo único que le faltaba era la idea genial, la inspiración, y quizás también un poco de rebeldía para salirse de lo establecido.
Cerró el documento en blanco cuando oyó la llave en la cerradura. Abrió la primera publicación de Facebook que vio que resultó ser una foto de su hermana borracha intentando escanciar sidra. La imagen no pudo menos que arrancarle una sonrisa. Recibió a su novia con una enorme sonrisa mientras pensaba que no merecía la pena preocuparse, la inspiración siempre podía venir y cuanto más la buscase, menos iba a aparecer. Abrazó el cuerpo menudo de su compañera y mientras su olor le inundaba las fosas nasales decidió que, a partir de ese momento, carpe diem y a apuntar todo lo que viese. Quizás algún día podría juntar todas esas imágenes y componer una gran novela, aunque nadie la leyese.

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