sábado, 23 de febrero de 2013

Rugby




"El rugby es un deporte de bestias jugado por caballeros y el fútbol es un deporte de caballeros jugado por bestias"

martes, 5 de febrero de 2013

Máquinas de escribir

Una máquina de escribir no es cualquier cosa. Una máquina de escribir no es un ordenador en el que puedes hacer y deshacer a tu antojo. Una máquina de escribir no es un lápiz con una goma al final. Una máquina registra todo, los errores, los aciertos y las incertidumbres. Eso me decía mi abuelo siempre que era pequeña. Decía que una máquina de escribir es un tesoro porque una máquina de escribir es como la vida misma, sus fallos siempre quedan ahí. Mi abuelo nunca llegó a tocar un ordenador, vivío la revolución que trajeron claro está, pero siempre fue fiel a su máquina de escribir. Acostumbraba a sentarse en su rincón, con una taza de té preparada por mi abuela, un pálido rayo de sol calentando su espalda y escribir. Solía aporrear la máquina de escribir con insitencia, casi con furia y durante una media hora al día se fugaba de nuestra casa para visitar mundos exóticos y fantásticos.
Mi abuelo tenía ese ritual diario con su máquina de escribir. Todo lo que escribió lo leímos postúmamente, en vida siempre guardó sus escritos en un armario bajo siete llaves. Todos, salvo uno. Un día de primavera de hace muchos años, cuando yo aún era pequeña, mi abuelo me puso en sus rodillas y me dio un beso en la frente.
-¿Sabes que día es hoy, nena?-. Recuerdo que en mi infancia rebelde sólo quería zafarme de su abrazo de oso.
-Martes, hoy tuvimos gimnasia en el cole-. Muy a mi pesar tuve que aceptar que él era más fuerte que yo, así que no tuve más remedio que cruzarme de brazos y enfurruñarme.
-Martes 23 de febrero de 1999. Hoy hace 40 años que escribí por primera vez en esa máquina de escribir. ¿Y sabes que fue lo que escribí?
-Y yo como lo voy a saber, abuelo, si ni siquiera había nacido. Y además, nunca le dejas a mamá leer lo que escribes.
-Tu madre no había nacido tampoco, nació 3 años después. Pero mira, nena, tal día como hoy 40 años escribí por primera vez en esa máquina de escribir. Yo acaba de cumplir 23 años y la máquina de escribir fue un regalo de cumpleaños de un tío mío que se había ido a hacer las américas y había triunfado. Como vivía con mi madre desde que vivió viúda yo siempre había sido su sobrino favorito, y cuando se enteró de que me gustaba leer compró la máquina de escribir y me la regaló por mi cumpleaños. Sólo me dijo que la usase bien, porque uno no podía borrar lo que expresaba con ella, que no la usase a la ligera. Así que me pasé 2 meses admirando la máquina sin atreverme a estrenarla. Hasta un 23 de febrero. Recuerdo la fecha porque fue cuando empecé a trabajar en la librería del don Roberto. Cuando volvía de mi primer día con él me crucé por la calle con los nuevos vecinos, parecían una familia completamente normal, pero la moza que iba con ellos era la mujer más bonita que había visto en mi corta vida. Ojos verdes, pelo rubio y una sonrisa enorme enorme que no sólo pertenecía a la boca, cuando sonreía parecía sonreir con todo el cuerpo. Los saludé educadamente y en cuanto entré en casa me senté delante de la máquina, cogí papel y, por primera vez, escribí.
-¿Esa chica era abuela?- a regañadientes tuve que reconocer que me gustaba la historia.
-¡Claro que era tu abuela! Ya te dije que con una máquina de escribir permanece, los fallos y los aciertos. Y tú abuela fue el mejor acierto de mi vida. Pero mira, tengo algo para ti.
Introdujo la mano en una caja y sacó una vieja carta.
-Toma, neniña, quédatela y cuídala muy bien. Las máquinas de escribir son como la vida, recuérdalo, queda lo bueno y lo malo, perdura, no puedes borrarlos y además, son perfectas para escribir cartas de amor.

lunes, 4 de febrero de 2013

Willkommen in Berlin





Seguramente el señor Rajoy ni nos vio. Pasaron varios coches escoltados por otros tantos policías en moto, furgones y demás cuerpos de seguridad alemanes. Remarco: eran policías, normales y corrientes, no antidisturbios, policías que te pedían que te alejaras, que estabas pasando la Grenze (frontera). Porque si, hubo frontera, la frontera entre ellos, los que pasaron rápido con sus coches, los que ni miraron, los de las lunas tintadas, y nosotros, los que nos mojamos, pasamos frío, les tiramos sobres y gritamos, gritamos mucho, con todas nuestras fuerzas, hasta desgañitarnos. Éramos unas 700 personas al frío y a la lluvia, decenas de pancartas en castellano y alemán, alguna bandera republicana y, sobre todo, éramos cabreo e indignación.




Un sobresueldo no es un sueldo que viene en sobres.
Los "aventureros" de Berlín te saludan.
#rajoydimision





Sé que usted nunca me va a leer, señor Rajoy, pero tengo que preguntarle algo. ¿Con que cara mira uno a la señora Merkel cuando viene de ser recibido por una manifestación en un país extranjero? ¿No se le cae la cara de vergüenza?